Las murallas más antiguas existentes y las más conocidas suelen ser obras de albañilería con piedra, cemento o ladrillo, aunque existen variantes hechas en madera. Dependiendo de la topografía del área a proteger se podían incorporar otros elementos naturales como ríos o costas a la línea de defensa lo que las hacían más efectivas.
Las murallas solo se pueden cruzar por la puerta y algunas veces por torres. En la Edad Media el derecho de asentarse para construir una muralla era un privilegio, llamado "derecho de almenaje" en las fortificaciones medievales. La práctica de la construcción de murallas tuvo su origen en la prehistoria y fue refinándose al crecer las ciudades en Europa.
Sería en los siglos XIX y XX cuando el crecimiento explosivo de las ciudades europeas hacen que empiecen a desaparecer para facilitar la expansión y la comunicación de la ciudad.